Las uvas de Diego Martínez Iñesta y Antonio Pastor Crespo engalanarán a Santa María Magdalena en la romería de la Baixà

Las uvas blancas de Diego Martínez Iñesta y las uvas negras de Antonio Pastor Crespo serán las encargadas de engalanar este año la imagen de Santa María Magdalena durante la tradicional romería de la Baixà, tras resultar elegidas en el acto celebrado esta mañana a los pies del Santuario.

Alrededor de medio centenar de racimos, presentados por agricultores de Novelda, han participado en una cita que cada año supone el preludio de uno de los momentos más esperados y emotivos de las Fiestas Patronales y de Moros y Cristianos. Un acto en el que la tradición, el trabajo del campo y la devoción hacia la patrona vuelven a unirse para mantener vivo uno de los símbolos más representativos de la ciudad.

La jornada, amenizada por la Colla de Dolçainers i Tabaleters La Xaramita Cana, ha contado con la presencia de vecinos, representantes de la corporación municipal, miembros del Patronato de Santa María Magdalena y festeros, que no han querido perderse una ceremonia profundamente arraigada en la historia y las tradiciones de Novelda.

El jurado, compuesto por el alcalde de Novelda, Fran Martínez; el concejal de Agricultura, Ximo Mira; el concejal de Fiestas, José María Chacón; Francisco Manuel Azorín Alted; la Reina Mayor de las Fiestas, Irene Reolid; Miguel Martínez; Antonio Pastor; Elena López Poveda; y el párroco de la Iglesia de San Pedro, Eduardo Lorenzo, ha valorado aspectos como la proporción de los racimos respecto a la imagen de la patrona, su estado óptimo de maduración, la uniformidad del fruto y su estética, criterios que garantizan que las uvas luzcan en todo su esplendor durante la romería.

Tras la deliberación, el alcalde de Novelda, Fran Martínez, y el párroco de San Pedro, Eduardo Lorenzo, junto a los miembros del Patronato de Santa María Magdalena, han engalanado a la Santa con los racimos ganadores, en un gesto cargado de simbolismo que marca el inicio de la cuenta atrás para la Baixà.

Con este tradicional acto, Novelda vuelve a rendir homenaje a dos de sus principales señas de identidad: la uva de mesa embolsada del Vinalopó, emblema de la agricultura local, y la profunda devoción que los noveldenses profesan a Santa María Magdalena.